lunes, 27 de abril de 2009

Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo

Desde el sábado recién pasado, Independientes en Red (IR) se declara, por unanimidad, un movimiento político. Para muchos de los que conformamos IR y para quienes nos miran desde fuera, no es más que la constatación de una realidad, pero al manifestarlo con tal claridad, el horizonte se despeja y el abanico de posibilidades se hace infinito. Desde el sábado, IR no tiene techo.

Independientes en Red nace del descontento por la manera de hacer política en Chile, del aburrimiento de esa lógica binaria que implica la “derecha pinochetista” y la “izquierda de allende”, del querer hacernos cargo de nuestros desafíos actuales y futuros desde una perspectiva novedosa, optimista, comprometida y decidida.

Nosotros queremos mirar hacia el Chile 2020, porque tenemos la seguridad de que para mejorar las cosas se requiere dejar de pensar por un minuto en lo urgente para concentrarnos en lo importante. Para allá navegamos, para eso nos congregamos y ha eso convocamos a quienes comparten nuestro sueño para trabajar por él.

A un año y medio de nuestro nacimiento, IR ostenta varios logros. Gracias a un Directorio comprometido y un equipo ejecutivo muy jugado, se puso en discusión conceptos como “Oxigenar la Política”, se originaron iniciativas como “Por Quién Voto Yo” y próximamente se lanzará una campaña llamando a los jóvenes a votar. Además se lanzó el Índice de Renovación Política “IRP”, estudio que comparó las dos últimas elecciones municipales, dejando como conclusión de que la poca renovación que se daba, no provenía de la oferta partidista si no de la preferencia de los votantes. En pocas palabras, la ciudadanía exigió renovación de la política.

Estamos en presencia de un nuevo Chile, un Chile que perdió el respeto por autoridades e instituciones y que no confía en los partidos políticos, principalmente porque quienes los dirigen están ahí hace 20 años y más. La transición guiada por oficialistas y opositores fue exitosa, lo hicieron bien, pero se quedaron pegados

El concepto “Independiente” es y será motivo de críticas. Según la RAE significa: Que no tiene dependencia, que no depende de otro, autónomo, dicho de una persona que sostiene sus derechos u opiniones sin admitir intervención ajena. A que voy con esto, el ser independiente no significa no tener opciones o estar castrado de opiniones. De hecho podríamos ser un partido político y seguir manteniendo nuestra independencia personal, en cuanto no existan las decisiones de partido que hacen que un Schaulson termine fuera de la concertación o un Álvaro Escobar hastiado de la manera de hacer las cosas en política. En IR no existe consenso en todos los temas, quedó demostrado en nuestro Consejo Ampliado, ahí está una de nuestras principales riquezas, lo importante es que las discusión de ideas se da en un marco de respeto y tolerancia, siempre con el Chile 2020 en nuestro horizonte.

En fin, nos espera un camino largo y difícil, eso hace que nuestros desafíos tengan doble valor, sería mucho más fácil quedarse sentado en casa o enarbolar banderas de partidos existentes. Nosotros elegimos abandonar la tribuna y entrar a la cancha, pero lo hacemos de la manera difícil, desde 3ª división, nos falta mucho para ser un equipo grande, y siguiendo en ésta metáfora futbolera cito a Carlos Dittborn antes de organizar del Mundial del ´62: “Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo”


¿INDEPENDIENTES EN RED como Actor Político? Yo Voto Que SÍ (por Daniel Brieba)

Al igual que la vida, la política también tiene sus ciclos, y en la política chilena el ciclo actual está llegando a su fin. A pesar de que Bachelet inició su presidencia bajo una promesa de renovación, los partidos de la Concertación fueron más fuertes: debilitados por sus disputas internas de poder y paralizados por su creciente esterilidad ideológica, fueron incapaces de seguirla o de plantear una agenda de cambio para el siglo XXI. En la Alianza las cosas fueron peores: con la promesa de al fin llegar al poder después de 20 años de derrotas colgando sobre sus cabezas, sus dirigentes no tuvieron ni la inclinación ni los incentivos para aprovechar estos nuevos 4 años de oposición para pensar el Chile del 2020 ni para proponer audaces cambios al status quo. Lo cierto es que, más allá del cliché, la actual generación de políticos que dirigen a Chile- y con ellos ciertos rasgos de su forma de hacer política- está en su ocaso. No es un tema sólo de edad y de experiencias vividas, sino que de cómo han demostrado una y otra vez no adaptarse al nuevo Chile que ha surgido bajo sus narices y en gran medida gracias al propio éxito de la transición que condujeron con habilidad y prudencia.

Es importante entender que este ‘nuevo Chile’ no es una herramienta retórica sino una realidad sociológica, como ya muchos lo han señalado. Con un ingreso per cápita más del doble de aquél que teníamos en 1990, con una generación entera crecida en democracia y que ya alcanzó la mayoría de edad, con menos miedo y con instituciones más sólidas que entonces, somos un país diferente. En su seno se ha forjado una matriz cultural y valórica distintiva: hoy en día somos más individualistas, más conscientes de (y empoderados por) nuestros derechos como consumidores y ciudadanos, más ambiciosos, más informados, más demandantes, más desconfiados de los políticos y sus promesas, obsesionados con la igualdad de oportunidades y más confiados en nuestro futuro. En 1980, tanto el consumo como la ciudadanía efectiva eran privilegio de unos pocos; 30 años después, ambos se han masificado, y por ello mismo las enormes desigualdades aun existentes en el acceso a ambos son mucho más intolerables. La ira de las masas frente a los privilegios de castas, pero no frente al éxito legítimamente adquirido, es el signo más claro de cuánto hemos avanzado- y de cuánto nos falta- en el camino hacia una sociedad auténticamente democrática.

Este nuevo país no salió de la nada, sino que es el producto directo de la obra política que hemos venido construyendo desde hace décadas. En los años 80, la actual generación aliancista puso los cimientos económicos y legales del actual orden. En los 90 y también en esta década, la Concertación- a veces con colaboración de la Alianza- no sólo perfeccionó (y reformó) lo recibido y le otorgó la imprescindible legitimidad democrática, sino que le agregó a esta obra en construcción sus cimientos políticos y sociales. El gobernar por medio de coaliciones estables, la cultura de diálogo y consensos, la ausencia de populismo, la disciplina partidista, la consistencia programática, el pragmatismo político y la civilidad en el trato público son algunos ejemplos de esa cultura política que nos parece normal pero que hace 20 años atrás no existía. De igual forma, el discurso y las políticas orientadas a priorizar el bienestar de los más pobres, el verlos como titulares de derechos y no sólo como receptores de ‘ayuda’, las luchas contra diversos tipos de discriminación, los innegables avances en protección social, y los esfuerzos por reducir desigualdades han sido factores claves en la construcción y empoderamiento de la ciudadanía y que serían muy difíciles de revertir. Por ello el Chile que reciba el próximo gobierno, más allá de sus problemas, está cimentado en bases políticas, legales, económicas y sociales de autoría mixta. Nuestra casa política, por así decirlo, esa que alberga todos nuestros proyectos de vida individuales, ha sido construida en un sentido muy real por las manos de muchos.

La gran pregunta de estos tiempos, por ende, es qué fuerza política será capaz de seguir construyendo esta casa sobre la que nadie se puede arrogar autoría exclusiva ni mayoritaria. Los partidos de la Alianza y la Concertación, todavía enamorados de su obra fundacional y de su gesta democrática, respectivamente, no muestran signos serios que sugieran que su necesaria renovación esté en marcha. Sin descartar que esta renovación eventualmente se dé por lado y lado, hay tres razones que me hacen pensar que IR puede y debe jugar un rol más activo en la construcción de este futuro que, querámoslo o no, se nos viene encima.

La primera razón es generacional: somos un grupo mayoritariamente joven, lleno de futuro, que no arrastra consigo los traumas y mochilas del duro pasado reciente de Chile. Esto no implica que la historia no nos pese- vaticino que una clara mayoría de los menores de 35 vota por el lado que sus padres apoyaron durante la dictadura-, pero sí que no nos determina, que somos capaces de imaginar un futuro donde compartimos causa y hasta partido con aquellos que tienen un juicio histórico distinto al nuestro. También significa que somos parte integral de este ‘nuevo Chile’ y sus códigos culturales emergentes, de su ethos igualitario y meritocrático, de su estilo horizontal, y de sus formas de comunicación virtuales; podemos hablarle de tú a tú sin mayor esfuerzo. A diferencia de los partidos existentes, IR no necesita renovarse, porque es la renovación.

La segunda razón es ideológica: por lo que he visto y escuchado en mi tiempo en IR, creo que conformamos un núcleo que comparte a la vez un ideario liberal y una marcada preocupación social, junto a una vocación democrática mucho más radical que la existente al interior de cualquier partido político actual. Creo que hay un espacio ideológico distintivo que no ha sido tomado, ni puede ser fácilmente abarcado, por una Alianza más conservadora o por una Concertación más socialdemócrata. Siento que podemos hacer una contribución legítima y necesaria, que no se reduce a lo que gente en los partidos actuales ya está diciendo. Podemos y debemos ser una voz original en el espacio público, que ensanche la agenda pública y se coloque a la vanguardia de la modernización.

La tercera razón es histórica: a Chile le llora un partido que no cargue con la pesada sombra del pasado. Esto se conecta con el tema generacional mencionado más arriba, pero va más allá: si queremos romper con la división del Sí y el No, una auténtica renovación política necesitará que no sólo las caras sean nuevas, sino que la organización que las cobije no esté contaminada con los sentimientos de odio, rencor y profunda desconfianza que aun dominan en la evaluación de los partidos del bando contrario. Esto es especialmente cierto si lo que se quiere es abrir la cancha y atraer gente que se ha identificado históricamente con la Concertación- sin un compromiso radical, absoluto e incondicional con la democracia y los derechos humanos, eso no será posible. Precisamente porque no cargamos como organización con un pasado que contradiga tal compromiso, y porque esta postura nos representa de cuerpo entero, es creíble enarbolarla.

Porque Chile necesita una renovación de formas y de contenidos en la política, que profundicen tanto su democracia como su desarrollo; porque encarnamos y podemos representar mejor que nadie el espíritu del nuevo Chile que se ha forjado tras 30 años de progreso; porque podemos hacer una contribución ideológica y programática distintiva al país y a su política; porque podemos representar a un creciente sector de la población alienado de la política actual; porque podemos simbolizar un nuevo comienzo en la historia patria, y por qué no, porque quizás estamos colectivamente llamados a ser constructores del Chile de los siguientes 30 años, apoyo de todo corazón la idea de asumir, como IR, una profunda, apasionada y radical vocación por ser actores políticos de nuestro país.
Voy a ser un Presidente emprendedor

Discurso de Sebastián Piñera
con motivo de la constitución del fideicomiso ciego
27 de abril de 2009



Amigos y amigas:

Hoy quiero compartir con ustedes algunas reflexiones, sueños y decisiones.

Todos sabemos que Chile es un país de poetas. Ahí están Neruda, Mistral, Huidobro y los Parra. Sabemos también que Chile es un país de hombres de armas y recordamos a Lautaro, Caupolicán, O’Higgins, Carrera y Prat. Sin embargo, pocos saben –y algunos no quieren aceptarlo- que Chile es también un país de emprendedores.

Los emprendedores saben que el progreso no cae como el maná del cielo. Hay que ganárselo con ideas, trabajo y esfuerzo y muchas veces esos emprendedores saben mejor que muchos políticos como hacer que las cosas mejoren. Por eso, todas las mañanas, a lo largo y ancho de Chile, millones de emprendedores se levantan temprano, trabajan duro, enfrentan dificultades y mantienen siempre viva la fe.

El verdadero espíritu emprendedor requiere imaginación, voluntad y coraje. Consiste en soñar ideas, transformarlas en proyectos y llevarlos a la realidad. Se aplica en todos los ámbitos de nuestra vida: la familia, el trabajo, la sociedad y, por cierto también, en el servicio público.

Por eso siempre me he rebelado contra quienes quieren apartar a los emprendedores del servicio público. Yo creo en un gobierno de unidad nacional que una y no divida a los chilenos. Yo creo en un gobierno con los más idóneos al servicio de todos. Yo creo que los cargos públicos tienen que ser llenados por capacidad y mérito y no por cuoteo político o repartija.


Estoy orgulloso de ser un emprendedor

Yo me siento y soy un emprendedor. Estoy orgulloso de serlo y quisiera morir como tal. Siento una verdadera alegría y un sano orgullo por todas las empresas e instituciones que he contribuido a crear y desarrollar. Por ejemplo, me llena de satisfacción ver a LAN, una empresa a la cual llegué hace más de 17 años cuando tenía 8 aviones, y la veo hoy dando trabajo a más de 15 mil personas y transportando, en sus 100 aviones, a más de 6 millones de pasajeros y a nuestras exportaciones, a decenas de países en 3 continentes. También siento un compromiso especial con la Fundación Futuro que fomenta desde hace 15 años la educación y la cultura, especialmente entre los niños, jóvenes y profesores. Y con la Fundación Mujer Emprende, dirigida por mi señora Cecilia Morel, que trabaja con mujeres de sectores populares y las alienta y ayuda a mejorar sus vidas. Y también con el Parque Tantauco en Chiloé, que conserva y desarrolla nuestras bellezas naturales, en el lugar más parecido al paraíso terrenal en esta Tierra. Y por cierto me llena de alegría Colo Colo, que salió de la quiebra para empezar a escribir las mejores páginas de su historia.


Un fideicomiso ciego voluntario

Estimados amigos. Siempre he estado consciente que se requiere una legislación clara, pareja y eficaz para regular la legítima actividad privada de quienes tenemos una legítima vocación de servicio público. Por eso he apoyado la famosa ley de fideicomiso ciego. Pero digamos la verdad. Los gobiernos de la Concertación vienen anunciando esa ley desde hace ya 10 años y se ha convertido en un verdadero cuento del lobo. Creo que nunca han tenido verdadera intención de legislar en esta materia y la han utilizado para perjudicar mi opción presidencial. La ley se necesita hoy para los actuales ministros, intendentes, senadores y diputados que, hoy, administran instituciones y recursos públicos o aprueban leyes.

Me aburrí de esperar. Hoy, en forma libre y voluntaria, he traspasado la administración de todas mis inversiones en sociedades anónimas abiertas a cuatro instituciones financieras chilenas (Bice, Celfin, Larraín Vial y Moneda Asset), autorizadas por ley para tal efecto y bajo la fiscalización de la Superintendencia de Bancos o Valores. Ellas administrarán dichas inversiones según su criterio y sin informarme de sus operaciones, salvo lo estrictamente necesario para el cumplimiento de mis obligaciones tributarias y legales.

Adicionalmente he encargado a instituciones financieras y oficinas de abogados el estudio y propuesta de opciones para vender LAN y, a través de un estatuto permanente, garantizar la continuidad del pluralismo y compromiso con valores fundamentales de la línea editorial y programática de Chilevisión, todo lo cual deberá estar realizado antes del 11 de marzo del 2010.

También, he renunciado hoy a todos los directorios en que participaba. Sin embargo, mantendré mi participación en Colo Colo y el directorio de Blanco y Negro, para reafirmar mi compromiso con el deporte, la formación de deportistas y los éxitos deportivos del club.


Vocación de servicio público

Hay quienes dicen que partí de cero. Tal vez partí con cero pesos en los bolsillos, en un hogar formado por un funcionario público de CORFO y una dueña de casa. Pero la verdad es que no partí de cero. Partí con una familia que siempre nos dio el afecto y cariño que todos necesitamos y que nos inculcó muchos valores que forjaron nuestro espíritu. De mi padre aprendí que ningún éxito privado se compara con la satisfacción de servir a Chile y a los chilenos. Mi madre nos transmitió su inquebrantable fe en Dios y los valores de la vida cotidiana. De ambos aprendimos el valor de la libertad, la justicia, el trabajo bien hecho, la honestidad y el respeto a los demás. Partí también con el privilegio de una muy buena educación en colegios y universidades de primer nivel en Chile, Europa y Estados Unidos. Después vinieron el trabajo y las oportunidades, que agradezco a Dios y a mi país.

¿Por qué lo recuerdo hoy día? Porque eso explica el compromiso y entusiasmo con que asumo –en cuerpo y alma- el servicio público y mi candidatura presidencial. Muchas veces me acuesto en las noches muy cansado. Dolido por haber recibido cientos de críticas injustas, y frustrado por los errores cometidos, y porque las cosas no siempre resultan como uno quiere. Y en esos momentos de intimidad, sabiendo que al día siguiente deberé madrugar y seguir trabajando, a veces me surge la pregunta ¿por qué soy candidato presidencial? ¿Por qué no vivir una vida más fácil y tranquila con mi familia, mi trabajo y mis amigos? Y siempre la respuesta es la misma: Porque sueño con un Chile más libre, más grande y más justo. Porque quiero una sociedad de oportunidades, seguridades y valores para todos. Porque quiero trabajar para que todos tengan las oportunidades que yo tuve. Y entonces, el cansancio, el dolor y la frustración desaparecen y siento que estoy listo para enfrentar el nuevo día.


Una nueva forma de gobernar

Amigas y amigos: Yo les decía que me siento un emprendedor. Más aun, voy a ser un presidente emprendedor. Voy a ser el presidente del trabajo, que creará un millón de empleos. Voy a ser el presidente que le doble la mano a la delincuencia y les devuelva la paz y seguridad a las familias chilenas. Voy a ser el presidente que mejore la calidad de la educación de nuestros hijos y la salud de nuestras familias, no en los discursos o promesas, sino donde verdaderamente importa: la escuela, la sala de clases, el consultorio y el hospital.

Creo en una nueva forma de gobernar. En un presidente todo terreno, 24 por 7, conocedor de los problemas, cercano a la gente y comprometido con las soluciones. Creo que en Chile se puede gobernar mejor, mucho mejor. Creo que el gobierno debiera estar lleno de emprendedores honestos y vacío de operadores políticos. Creo en la cultura de hacer las cosas bien y en forma honesta, lo que nos habría ahorrado tanto dolor, despilfarro, humillaciones y corrupción. Creo en gobernar con un sentido de urgencia, en que sintamos que no tenemos todo el tiempo del mundo y en que nos duela cada día perdido porque sentimos como propio el dolor de los desempleados, el drama de las víctimas de la delincuencia, el sufrimiento de los enfermos y jubilados y la pérdida de oportunidades de nuestros jóvenes.

El 2018 celebraremos nuestro verdadero Bicentenario y los quiero convocar al maravilloso desafío y aventura de llegar a ese aniversario como un país desarrollado, sin pobreza y con oportunidades para todos. Y para lograrlo debemos fortalecer y no debilitar la libertad, la alegría y el espíritu emprendedor que vive en el alma de cada uno de nosotros.

Por eso, y con la ayuda de Dios, quiero encabezar a partir de marzo del próximo año el gobierno del cambio, el futuro y la esperanza, teniendo siempre en el corazón a los más humildes, a la clase media, a los jóvenes, mujeres y jubilados, que son los que más necesitan y merecen el cambio, el futuro y la esperanza.

Sebastian Piñera.